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EL LAQUEADO ORIENTAL
El arte del laqueado se originó hace más de mil
años; pues los hallazgos arqueológicos indican que
los objetos de madera del primer milenio a.c. en China ya estaban
cubiertos con una sustancia que se cree fue la savia del árbol
Rhus Vernifera.
Para extraer la laca se practican en los troncos del árbol
Rhus Vernifera unas incisiones en forma de "V" a las
que brota lentamente la laca.
Al exponerse la aire, la savia espesa y transparente adquería
un color marrón oscuro o negro. Después se filtraba
para eliminar impurezas y se hervía lentamente para darle
una consistencia uniforme y evaporar la humedad superflua.
Para teñir la laca se añadían colorantes
que eran de origen natural mientras que actualmente se prefieren
productos químicos sintéticos que duran más
tiempo y se estropean menos.
Para realizar el lacado según el método oriental
empezaremos por extender varias capas de laca transparente sobre
la que dibujaremos la decoración. Con un pincel (antiguamente
de cabello) se extiende una capa muy delgada, del color elegido,
que dejaremos secar 5 o 10 días en un ambiente privado
de polvo y húmedo. Cuando está completamente seca
ofrece un aspecto muy tosco y opaco, áspero y con signos
evidentes de las pinceladas, puliremos la superficie con piedra
pómez y nos mostrará su ya clásico esplendor.
Cuando se ha terminado el trabajo sobre la primera capa de laca,
se repiten al menos unas seis o siete veces, al final de las cuales
se alcanza el espesor mínimo para un lacado modesto.
Este trabajo nos parecerá muy largo, pero pensemos que
antiguamente, los chinos, llegaban a extender un mínimo
de 30 capas dejando transcurrir un mes de tiempo entre una pasada
y la otra y que los japoneses, para laquear esas preciosas y valiosas
lacas tardaban 30 años para extender las 300 capas de laca
necesarias.
Antonio Caballero
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